Las huertas educativas (HE), en espacios rurales y urbanos, son una respuesta concreta a las crisis ambientales, alimentarias, espirituales y de salud de nuestro tiempo.  Son también herramientas pedagógicas para la innovación en la educación, permitiendo abordar estas problemáticas con un enfoque crítico pero optimista y, a la vez, sistémico, transdisciplinario, intergeneracional e intercultural.  A través del trabajo en contacto con la naturaleza, las huertas nos re-conectan con nuestras emociones, la tierra, el agua, el aire, los ciclos y ritmos naturales, así como con la diversidad biocultural de los territorios que las cobijan. 

Las huertas nos recuerdan que somos parte de la naturaleza y nos hacen más conscientes de nuestro cuerpo físico, de la importancia de cuidarlo y nutrirlo bien. El trabajo en la huerta despierta nuestros sentidos, estimula la capacidad de análisis y de observación. “Huertear” requiere de paciencia y experimentación, así como de capacidad para trabajar en grupo y cooperar. Las HE también permiten lograr una mayor comprensión de la complejidad de los sistemas agroalimentarios y sus implicancias a nivel ecológico, social, político, económico y cultural. 

La agricultura y la alimentación son expresiones culturales íntimamente ligadas a un territorio: sus habitantes, su cultura, su geografía, clima, biodiversidad, etc. Las huertas educativas son, por lo tanto, espacios que permiten una reconección con el territorio, en un sentido mucho más amplio, que va más allá de la huerta en sí, al descubrir las múltiples relaciones que la constituyen.

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